Con Maltones, aprendemos que estar atentos no es ningún juego, cuesta mucho, pero es necesario. Es necesario aprender a no conformarse con lo primero que nos da nuestra mente, no conformarnos con nuestra pereza y con la impotencia de no pensar en el más allá.
Es como aprender a sentir un poco, a saber que la realidad está unida y que cada elemento que está a mi alrededor está íntimamente conectado, por tanto, cada gota mínima de lluvia o cada parte ínfima del universo puede provocarme un millón de sensaciones similares, parecidas o iguales al beso de un primer amor, a la caricia de una mamá, a la lluvia, a la tristeza.